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La importancia de masajear las cicatrices para evitar las adherencias

La piel es un órgano extenso que nos protege de las agresiones externas. Cualquier herida en su superficie conlleva a la cicatrización de los tejidos dañados, dando como resultado una cicatriz más o menos perfecta.


Durante la cicatrización excesiva, los mecanismos se alteran. Una cicatrización anormal puede dar lugar a la formación de cicatrices hipertróficas y queloides. Estas lesiones pueden tener implicaciones no solo estéticas, también funcionales.

La presión aplicada sobre la cicatriz ha sido la medida más común durante las últimas tres décadas, ya que se ha observado que las cicatrices se vuelven menos gruesas después de usar medias elásticas en pacientes quemados. La presión dio como resultado una cicatrización normal, destacando la suavidad adquirida cómo consecuencia del tratamiento de presión.




Después del tratamiento con masaje los pacientes muestran una reducción en el prurito, una mejora en el estado de la piel, flexibilidad, vascularización y altura de la cicatriz, todo ello con mejoras positivas también en el estado de ánimo.


Cuando se produce una cicatriz, suele haber adherencias a planos profundos del organismo, así como tensión y tirantez en las estructuras de alrededor. Puede haber también una disminución de movimiento y por lo tanto habrá un déficit en la función esas zonas, es decir, la falta de extensibilidad del tejido y la puesta en tensión constante de las estructuras pueden tener implicaciones, ya no solo estéticas, sino también funcionales, pudiendo afectar incluso a la movilidad articular.

Podemos encontrarnos con adaptaciones de la postura en función de la tensión. Por ejemplo: una escoliosis asociada a las cicatrices de la extirpación de riñón. Este fenómeno es igual a que tirar de un punto de un jersey, lo que hace el tejido es adaptarse a la nueva situación de tensión, probando que nuestra postura mute.

Puede haber problemas funcionales viscerales. Por ejemplo, tras apendicectomía se generan adherencias a los planos más profundos llegando a restringir el movimiento de las vísceras, y cuando existe una limitación de la movilidad a nivel visceral, su función también se ve afectada, provocando síntomas (dificultad en el tránsito intestinal, aumento de gases etc... ) y dolor musculoesquelético referido. Las cicatrices pueden provocar molestias como picor, sensibilidad de la zona, pequeños hormigueos, tirantez, miedo al movimiento de la zona (lo que puede hacer que adopte posiciones incorrectas), etc.

Se pueden dar otras alteraciones según la zona sobre la que esté la cicatriz: como en el caso de las abdominales (estreñimiento, alteraciones viscerales, acortamiento de tejidos que puede ocasionar dolor de espalda, etc.) o de las que se sitúan sobre articulaciones y músculos (dando acortamientos musculares y articulares, aumento del tono muscular etc.).

A partir de los 20 días después de la cirugía, se podría comenzar a movilizar la región con fisioterapia para prevenir o liberar adherencias.


Si necesitas pedir cita con nuestro de servicio de fisioterapia u osteopatía te dejamos aquí este enlace




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