Obesidad infantil ¿Qué podemos hacer?

Por el Día Mundial de la Alimentación compartimos este interesante artículo de nuestra nutricionista Marta Llopis Bañegil sobre la alimentación y la obesidad infantil:


La obesidad considerada por la OMS como la “epidemia del siglo XXI” afecta a poblaciones de todas las edades en el mundo.


Estamos hablando de un problema de salud grave, con importantes consecuencias físicas y psicológicas a corto y largo plazo.


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A corto plazo, son frecuentes las alteraciones psicológicas y baja autoestima, incluso en edades tempranas, debidas a presión social y estrés por parte de otros niños, además de las dificultades físicas para realizar deportes y otros juegos.


A medio plazo se ha observado con mucha frecuencia incrementa la incidencia de diabetes tipo 2 (hasta ahora típica y exclusiva de adultos) y otras enfermedades crónicas no transmisibles.


Cuando un niño o joven tiene obesidad, a largo plazo se incrementa el riesgo de mantener la obesidad en la edad adulta, de hecho, esto ocurre hasta en el 75% de los casos.


  • Datos:


- Desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo.

- En 2016, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13% eran obesas.

- La mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas de personas que el bajo peso.

- En 2016, 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.

- La obesidad puede prevenirse.

Fuente: OMS


Alguno de los datos proporcionados por la OMS, nos pueden hacer pensar ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué medidas se están tomando? ¿Qué podemos hacer? Para reflexionar sobre estas preguntas me gustaría compartir un extracto de un discurso de 2015 de la directora de la Organización Mundial de la Salud hasta 2017.


“(…) En la actualidad las campañas de promoción de estilos de vida saludables y la adopción de conductas se encuentran con la oposición de fuerzas que distan mucho de ser “amables”. Más bien, todo lo contrario. (…) El esfuerzo público dirigido a prevenir las enfermedades no transmisibles se enfrenta a intereses comerciales de poderosos agentes económicos. En mi opinión, este es uno de los mayores retos a los que se enfrentan las campañas de promoción de la salud.”

“Ni un solo país del mundo ha conseguido darle la vuelta a la epidemia de obesidad en todos los grupos de edad. Esta realidad no es consecuencia de una falta de voluntad individual. Es consecuencia de la ausencia de voluntad política a la hora de meter mano en este gran negocio.” Margaret Chan. Directora General de la Organización Mundial de la Salud, 2015


En este discurso, se acusa a la industria alimentaria de intervenir de forma negativa en las políticas sanitarias de muchos países. Una de las reflexiones más importantes de este informe podría ser la siguiente: ninguno de los factores causales (de la obesidad) está bajo el control del niño y la obesidad infantil no puede verse como el resultado de las elecciones del estilo de vida del niño.


La obesidad infantil no puede verse como el resultado de las elecciones del estilo de vida del niño



¿Qué medidas se están tomando?


En el caso concreto de España se observa en numerosos productos ultraprocesados, con alto contenido de grasas trans, grasas saturadas, sal, que han demostrado aumentar el riesgo de obesidad, dirigidos a población infantil fácilmente accesibles y con fuertes campañas de marketing por ejemplo, en televisión en horario infantil que, además, en algunos casos presentan el aval de una sociedad médica.





Hay una larga lista de ejemplos que muestran la participación de la industria alimentaria en las políticas contra la obesidad. Otro ejemplo de ello es la participación de numerosas empresas en el Código PAOS diseñado para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores que se basa en la autorregulación. A pesar de las directrices de la OMS, este código no regula la frecuencia de exposición ni el perfil nutricional de los productos anunciados.


El Ministerio de Consumo anunció en junio de este año la implantación del Nutriscore en el primer cuatrimestre de 2021. Consiste en un sistema de etiquetado frontal nutricional, con una escala de cinco colores (entre el verde y el rojo) asociados a cinco letras (A/B/C/D/E).


Los productos se ponderan del 0 al 10 siguiendo un algoritmo según las cantidades de elementos considerados negativos (energía, azúcares, grasas saturadas…) y otros positivos (fibra, proteínas, frutas y verduras). Un sistema que otorgaría una “D” (casi la peor puntuación) al aceite de oliva virgen extra y una “B” (la segunda mejor) a la Coca -Cola Zero o la misma clasificación “c” a unos cereales de desayuno bio con chocolate y un 25% de azúcar frente a una unos copos de maíz sin azúcares añadidos, no parece ser el mejor sistema para aclarar las dudas de las familias respecto al incomprensible etiquetado nutricional de los productos y ayudar a hacer mejores elecciones en el supermercado.

Cabe aclarar que desde el Ministerio de Sanidad se comunicó que los productos de un solo ingrediente como la miel o el aceite no iban a llevar este etiquetado frontal.


La responsabilidad individual solo puede tener efecto cuando las personas tienen acceso pleno a un estilo de vida saludable.


Por ello es importante facilitar estos hábitos a través de la implementación de políticas basadas en la evidencia y medidas poblacionales que hagan que la actividad física regular y las elecciones dietéticas más saludables estén disponibles y accesibles para todos.


¿Qué podemos hacer en casa?



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En primer lugar, no culpabilizar. Como acabamos de comentar ninguno de los factores causales está bajo control del niño. En el día a día los niños se encuentran ante la disponibilidad de una gran cantidad de “productos alimentarios” que incrementan el riesgo de padecer obesidad, y no solo su disponibilidad sino también potentes campañas publicitarias que incentivan el consumo de estos productos resultando especialmente atractivas para los niños.


¿Esto significa que no podemos hacer nada?


Al igual que los factores anteriores no los podemos controlar, hay ciertas cosas que sí podemos modificar:


- el ambiente familiar,

- la disponibilidad de alimentos

- determinados hábitos


Es muy importante tratar de establecer buenos hábitos desde la infancia, no acostumbrar a los niños a comer estos productos cargados de sal y grasas poco saludables que aumentan su palatabilidad y que, probablemente, producirán el rechazo de aquellos alimentos saludables que no presenten estas características (exceso de grasa, sal, potenciadores del sabor…). Después de tomar patatas fritas de bolsa… ¿Quién quiere un puré de calabacín?.


Esto no significa que nunca vayan a probar los productos ultraprocesados (con exceso de grasas saturadas, sal, etc.), pero si la disponibilidad en casa es de alimentos saludables, aumentamos las posibilidades de tomar antes una fruta que una galleta de chocolate, por ejemplo.



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Podemos elegir los alimentos que tenemos en casa


Resulta fundamental dar ejemplo desde el principio y que, tanto padres como hijos estén involucrados en las decisiones relacionadas con la alimentación.


A la hora de hacer la compra podemos preguntar al niño por sus preferencias en el caso de frutas u otros alimentos saludables y añadirlos a la lista de la compra.


O en el caso de la elaboración de los menús que pueda elegir entre alternativas que le proporcionemos saludables incluso que participe en la elaboración de alguna receta sencilla. El ambiente durante las comidas en familia influye en las conductas alimenticias de los niños y potencialmente afecta la calidad general de la dieta. La comida disponible en el hogar, la dieta de los padres y los hábitos familiares parecen jugar un papel importante en la calidad de la dieta de los niños.


La lucha contra la obesidad infantil debe seguir la guía de políticas generales no influenciadas por la industria alimentaria que permitan la participación de individual. Todo ello apoyado por políticas locales escolares que involucren tanto a los niños como a las familias, recomendaciones de estilo de vida saludable por parte de profesionales sanitarios cualificados y un ambiente familiar que fomente todos estos hábitos.



Marta Llopis nutricionista Vibra Bienestar

Marta Llopis

Nutricionista y Dietista en Vibra Bienestar

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